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Combustibles en alza: bonificaciones insuficientes frente a precios internacionales

El panorama actual de precios en las gasolineras

Quienes se acercan a las estaciones de servicio estos días se encuentran con una realidad complicada: los precios siguen una tendencia al alza acompañada de cierta perplejidad respecto a las nuevas medidas de apoyo que acaban de entrar en vigor. Aunque las bonificaciones para la gasolina van desapareciendo de manera gradual hasta llegar a octubre, el diésel ha recibido desde el primero de septiembre un incentivo adicional que pretende ofrecer algo de respiro a los conductores. Sin embargo, el alivio que muchos esperaban brilla por su ausencia en los surtidores, debido a que el mercado internacional ha experimentado un repunte considerable en la cotización del petróleo.

Factores internacionales que disparan los costes

La situación geopolítica mundial juega un papel determinante en la volatilidad de los precios. La persistencia del conflicto entre Rusia y Ucrania, sumada al incremento de tensiones militares entre Estados Unidos e Irán, ha provocado una reducción notable en la oferta disponible en los mercados internacionales de combustible. Esta limitación de suministro mantiene los precios bajo presión constante, neutralizando gran parte del beneficio que las medidas fiscales intentan proporcionar a los consumidores en las estaciones de servicio.

Desde el sector de las gasolineras se subraya un dato fundamental que explica en parte esta situación: la carga tributaria representa aproximadamente la mitad del precio final que pagamos en el surtidor. La combinación del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos y el 21% de IVA genera una presión fiscal considerable que muchos distribuidores argumentan que apenas les permite mantener márgenes mínimos, incluso cuando comercializan combustible almacenado a precios más elevados.

El impacto en la economía de conductores y profesionales del transporte

La indignación entre los usuarios habituales de las carreteras y los trabajadores del sector del transporte es palpable. Para muchas personas, el desembolso mensual en combustible ha alcanzado dimensiones similares al de un alquiler mensual, convirtiendo el repostaje en un gasto de primera necesidad que compromete seriamente sus finanzas personales. Tanto familias como autónomos ven cómo sus economías se ven mermadas de forma crítica por unos costes que parecen escapar a cualquier control, alimentando la sensación de que los esfuerzos institucionales resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.